Hoy he terminado hablando con el profesor del taller de títeres al que llevo yendo dos veces por semana muy poquito tiempo. Al final me ha dicho: "Vamos a tomar algo".
A pesar de la vergüenza que he pasado, que me sentía una estúpida de 21 años que no ha hecho nada en la vida en comparación con él...ha sido para archivar en la carpeta de conversaciones para la vida. Me ha contado muchas cosas, sus andanzas, cosas sobre su Italia, y...me ha dado ánimos para vivir. Debería haber más personas así. Más. Muchas más. O me gustaría conocerlas, porque aunque me sienta sola porque no las tengo conmigo...tranquiliza un poco el sentido y duermes pensando que no eres del todo raro, y que en pequeñas partes y en determinados momentos el mundo es un lugar habitable. Y que lo raro, así, es bonito.
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